domingo, 9 de noviembre de 2008

Obama y América Latina

Obama y América Latina
Por Pedro Brieger


Existe un amplio consenso de que la relación entre Estados Unidos y América Latina necesita de un cambio y de que la elección de Barack Obama es fundamental para que esto suceda. Claro que uno se puede preguntar qué representa dicho cambio ya que “mejorar” la relación no tiene el mismo significado para todos. Para algunos empresarios y medios de comunicación es el deseo de ver un flujo de millonarias inversiones como si esto fuera la única garantía de crecimiento económico. Para otros, en cambio, Obama implica la posibilidad de construir una relación que no implique una subordinación a los dictados de Washington.
Se dice habitualmente que Estados Unidos ha “abandonado” e incluso ignorado a Latinoamérica porque la guerra contra el terrorismo y la invasión de Afganistán e Irak la ha llevado a privilegiar otras regiones. Si uno se guiara por el discurso público de los dos principales candidatos se podría decir que es verdad. Salvo algunas referencias a Cuba, Venezuela, México y Colombia, o el libre comercio y el narcotráfico, América Latina prácticamente no existe y la campaña electoral reforzó en muchos la idea de que no será una prioridad en la agenda del próximo presidente. Sin embargo, a pesar de los vaivenes políticos y económicos y de que muchos analistas sostienen que durante los ocho años que duró la administración Bush América Latina fue relegada, Estados Unidos todavía es un gran socio comercial de todos los países de la región.
Por otra parte, hay que recordar que continúa el bloqueo a Cuba, el apoyo –directo o indirecto- a los que encabezaron el golpe de Estado en Venezuela en 2002, la intervención militar en Haití para deponer a Jean Bertrand Aristide en 2004 y las maniobras –por lo menos confusas- de la USAID en Bolivia para debilitar a Evo Morales. También se puede recordar la intervención del embajador Paul Trivelli en Nicaragua para evitar el triunfo de Daniel Ortega, el Plan Colombia, las bases militares, como la de Manta en Ecuador y el ALCA, el proyecto más ambicioso para todo el continente que fracasó por la oposición del MERCOSUR en pleno, con el apoyo de Hugo Chávez, en noviembre de 2004 en Mar del Plata. No se puede dejar de mencionar que hace muy poco se ha reestablecido la famosa IV Flota para patrullar el Hemisferio Occidental, como para recordarle a los latinoamericanos que Estados Unidos nos los olvida.
EL PLAN DE OBAMA

Cuesta saber cuál es el plan de Barack Obama para la región ya que un año atrás la favorita de los demócratas era Hillary Clinton, que tenía la ventaja de contar con la experiencia de ocho años al lado de su marido como presidente de los Estados Unidos, y muy poco se conocía de las ideas de Obama. Para no especular o fantasear sobre lo que Obama podría llegar a hacer, lo mejor es tomar algunas de sus declaraciones, discursos o documentos sobre América Latina y analizarlos. Claro que estos son pocos, lo que acrecienta el enigma de lo que será su presidencia.
Hace unos meses el equipo de campaña de Obama publicó un trabajo titulado “Una nueva sociedad para las Américas” (A new partnership for the Americas). Es interesante conocer este documento, pues es el único que permite acercarse a lo que piensa Obama de la relación entre Estados Unidos y América Latina. En este documento de trece páginas y dividido en tres capítulos, el nuevo presidente plantea que existe una historia común de colonización y liberación y que se avanzará en una agenda cuyo eje será la palabra “libertad” (freeedom en el original) retomando algunas ideas planteadas en su momento por Franklin Delano Roosvelt, presidente entre 1933 y 1945. De todos los países, sólo cuatro merecen apartados particulares; Cuba, México, Haití y Brasil.
En el primer capítulo denominado “Libertad política / democracia” se puede leer que Estados Unidos debe recobrar su tradicional liderazgo en la región haciendo hincapié en la democracia, el comercio y el desarrollo. Se cree que esto limitará el antiamericanismo y la oposición a la administración Bush que creció de la mano de la retórica de Hugo Chávez. Como no podía ser de otra manera Cuba ocupa un lugar especial. Bajo el título “El Caso de Cuba” Obama sostiene que luego de casi 50 años de fracaso hay que dar vuelta la página y escribir un nuevo capítulo en las relaciones entre ambos países. Sin embargo, se plantea ayudar a una transición pacífica para evitar potenciales desastres que podría significar la perpetuidad de la dictadura cubana. El 23 de mayo en un discurso ante la anticastrista Fundación Nacional Cubano Americana creada por Jorge Mas Canosa dijo claramente: voy a mantener el embargo. Si bien este lenguaje no difiere de la tradicional postura del Departamento de Estado, en el documento Obama propone que los cubano-americanos puedan realizar visitas de manera irrestricta a sus familias y enviar remesas (de dinero) a la isla, y flexibilizar el embargo comercial. También sostiene que está dispuesto a dar pasos para normalizar las relaciones; aunque pone como condición que primero un gobierno post-Fidel abra Cuba a un cambio democrático, libere los prisioneros políticos y realice elecciones. El segundo capítulo, “Libertad (o liberación) del miedo / seguridad”, tiene como eje central la droga y el narcotráfico. Era previsible que México tuviera un apartado especial porque casi el 90 por ciento de la cocaína de América Latina entre de contrabando vía México, que además es el principal aportante de marihuana y el segundo de heroína en el mercado de Estados Unidos. Aquí no se menciona el controvertido muro que se comenzó a construir en 1994 entre ambos países -cuando gobernaban los demócratas- aunque no es un secreto que en 2006 Barack Obama votó a favor de su ampliación. El país que se puede ver afectado por el cambio de gobierno es Colombia. Si bien el Plan Colombia fue impulsado por Hill Clinton en los noventa y es apoyado por Barack Obama, el presidente electo se opone a la firma de ese tratado mientras haya impunidad y no se procesen los asesinos de los sindicalistas, una crítica abierta y frontal a gobierno de Álvaro Uribe, uno de los principales aliados de la Casa Blanca. Esto es novedoso si tomamos en cuenta que antes de la visita de Bush a Colombia a comienzos de 2007 en su declaración sobre la misma Obama no dijo una palabra al respecto.
El tercer y último capítulo titulado “Libertad para elegir / oportunidad” está dedicado a los progresos económicos de América Latina, especialmente de Chile y Brasil a pesar de asegura que continúa siendo la región más desigual del mundo. También se critica al Fondo Monetario Internacional y en particular sus limitaciones al momento de ayudar a la Argentina.
La política exterior enunciada por Obama parece indicar un cambio porque asegura que reconstruirá los lazos diplomáticos que se han debilitado con América Latina bajo la presidencia de George Bush y que incluso nombrará nuevamente a un Enviado Especial, cargo eliminado en 2004. Además, que hay eliminar las detenciones indefinidas y la tortura así como reestablecer el habeas corpus y cerrar la cárcel de Guantánamo. Por ahora hay más preguntas que respuestas. Al igual que en los Estados Unidos, en América Latina hay un nuevo aire de esperanza. El tiempo dirá.