viernes, 8 de enero de 2010

Paraguay: Posible Juicio político a Lugo

DECLARACIONES DEL SENADOR GALAVERNA

El día miércoles 6 de enero 2010 Gabriel Levinas (GL) y Pedro Brieger (PB) entrevistaron al senador paraguayo Juan Carlos Galaverna (JCG)
en el programa “No hacemos falta”, de radio Cooperativa (Buenos Aires).

Audio original: files.me.com/glevinas/63hkym.mp3 (comienza en el minuto 24 del audio)


PB: Estamos en comunicación con uno de los senadores, uno de los políticos paraguayos más importantes. La trayectoria del senador Juan Carlos Galaverna es larguísima dentro del Partido Colorado, fue presidente de la Cámara de Senadores durante un tiempo del Congreso Nacional, por eso es una de las personas que mejor nos puede contar lo que está pasando en el Paraguay. Lo saludamos aquí desde radio Cooperativa, Gabriel Levinas y Pedro Brieger ¿Cómo está usted senador?

JCG: Buenas tardes para ustedes un saludo fraterno para la audiencia y en particular para mis compatriotas residentes en la capital Argentina.

PB: Que le aseguro son muchos que están escuchando y están muy interesados en que usted les esclarezca que está pasando en el Paraguay y estos rumores de golpe de Estado o que usted decía que este fin de semana han logrado evitar un golpe de Estado. ¿Nos puede explicar un poco sin entrar en detalles técnicos constitucionales y son un poco complejos para comprender nosotros ¿Qué está pasando en el Paraguay?

JCG: Que suerte que tú me plantees así las cosas porque acá lo que estamos tratando de controlar y gracias a Dios creo hemos logrado en gran parte, esto sobrepasa lo puramente técnico, porque el poder judicial en su instancia máxima de Corte Suprema son las constituciones, con una integración particular de los titulares. La Corte emitió un par de fallos el día 30 de diciembre en pleno receso parlamentario de fin de año. Disponiendo que dos ex ministros de la Corte que habían sido cesados de sus cargos por la vía del juicio político en el año 2003, fuesen reincorporados como ministros de la Corte Suprema de Justicia del Paraguay. Respondiendo a lo que yo francamente considero desde mi punto de vista, desde el primer momento que saltó esto a consideración a la opinión pública esta cuestión. Considero esto un plan del Presidente Fernando Lugo y su equipo político apuntando por un lado a incorporar a la Corte a los elementos suyos. Los señores Ríos Ávalos y Fernández Gavella de ellos se trata. Apuntando a distorsionar completamente el orden constitucional del Estado paraguayo de la República del Paraguay dejando al Poder Legislativo al Congreso Nacional constituido aquí como en el país de ustedes, por dos cámaras la de diputados y la de senadores, como un poder minusválido cuya decisión en el caso nada menos que de juicio político consagrado en el artículo 225 de la Constitución Nacional, decía queda expuesta a una minucia terrible, que significa que las decisiones del Congreso de la Nación, en lo relativo a juicio político, sean revisables por un tribunal ordinario.

PB: Senador Galaverna, yo le decía más allá de las cuestiones técnica que a nosotros nos cuesta mucho evaluar, porque además hay todo un debate en Paraguay y s ni siquiera ustedes se ponen de acuerdo, al respecto usted dijo en el diario La Nación de hoy que se frustró un intento de golpe de Estado por parte del presidente Fernando Lugo. Lo que usted está señalando es que ¿El presidente intentó hacer un golpe de Estado?

JCG: A través de este fallo, de este tribunal, yo lamento tener que entrar en detalles técnicos, es mi intención que ustedes comprendan, porque es cierto lo que usted dice. En el aspecto jurídico, puramente técnico jurídico. Hasta acá hay opiniones y criterios divididos pero concretamente el Presidente Lugo, a través de tres camaristas fingiendo de ministros de corte integrando una sala constitucional intentó un golpe de Estado dentro del plan que venimos denunciando con rotundas evidencias de meses a esta parte, dentro del plan de Lugo de alzarse con la suma del poder político administrador de la República. Lugo responde a los designios de Hugo Chávez, quiero ser claro en ese sentido.

PB: ¿Usted dice que detrás de Lugo está Hugo Chávez?

JCG: Que responde a los designios de Hugo Chávez, e intenta reproducir su forma de gobierno con poder absoluto en la República del Paraguay.

PB: ¿Por qué intentaría el presidente hacer un golpe de Estado si él ya es el presidente?

JCG: Es la característica de esta isla rodeada de tierra, un decir del finado Augusto Rodas Bastos. Y le voy a contestar con la intención de la mayor claridad posible, en el Congreso paraguayo, en la política paraguaya venimos hablando la gente que suscribimos a el culto a la democracia de un juicio político a Fernando Lugo. En que consiste o en que consistía el golpe si soy optimista y doy por superada la situación, en subalternizar las facultades del Congreso paraguayo en cuanto al juicio político. Para si así mañana lo cesamos a Lugo, mediante este proceso constitucional, él puede recurrir a la justicia ordinaria convertir el juicio político en un juicio ordinario y conseguir un fallo judicial que anule lo actuado políticamente por el congreso y lo mantenga en el cargo de presidente de la república.

PB: Entonces si nosotros entendemos bien, lo que usted está diciendo es que el presidente Fernando Lugo, está evitando el juicio político, ese que él mismo dice que es un golpe de Estado en contra de él.

JCG: Claro, el único que podía haber recogido fichas ganadoras en esta jugarreta jurídico política es Fernando Lugo, perjudicado iba a quedar el poder legislativo del Congreso al ver cercenada sus facultades constitucionales y perjudicado iba a quedar muy gravemente el poder judicial instrumentado por el plan de Fernando Lugo y su equipo.

[…]

PB: ¿Será por eso senador que se está hablando de “hondurazo” después de la reunión que hubo con Arturo Valenzuela el representante de Estados Unidos, para América Latina que el senador Alberto Grillón dijo que se está hablando de “hondurazo” para Paraguay

JCG: La visita del señor Valenzuela en Asunción fue una visita que tuvo más características de mimo para Lugo que de contra Lugo, en el país de ustedes con algún exabrupto acá ni siquiera con eso. Acá pasó desapercibida esa visita. Usted me pone en el plano, de que dijo Grillón. Grillón no es político, Grillón no es legislador, Grillón es un caso raro que ni yo me animo a explicar porque ahí nos iríamos al mundo de Kafka prácticamente, está integrando el senado por una decisión de la mayoría pro Lugo desde mediados de 2008, sin haber sido electo senador de la república y como senador es conocido en la política paraguaya y usted lo puede verificar, con gente del sector político que quiera, es conocido como un desafectado del presidente de la república. Le estoy hablando de alguien con quien tengo muy buena relación personal. Pero ese no es el plano de la discusión se me desbarata completamente, en cuanto a su entidad política me resulta imposible.

PB: Más allá de Grillón ¿Quién fue el que utilizó la expresión “hondurazo”? ¿Fue Arturo Valenzuela?

JCG: No, no es cierto y le digo más nosotros estamos tratando de evitar, caer en el rompimiento del orden legal, porque la otra característica que tuvo el fallo de la sala constitucional fue el de provocarnos para actuar fuera de las reglas, felizmente la reacción ha sido madura, más allá de la opinión de algún colega congresista, diputado y senador también de responder fuera de las reglas constitucionales a la provocación de Lugo a través de ese fallo supuestamente jurídico. Nos hemos sometido absolutamente a las reglas constitucionales y hemos reaccionado, de esa manera, imagínese. Nos hemos reunido una comisión permanente del congreso el 31 de diciembre en horas de la tarde y un pleno del Congreso con diputados y senadores sesionando al mediodía del sábado 2 de enero. Hemos respetado puntillosamente. Le aseguro. Yo la opinión sobre Lugo, no puedo ser imparcial pero en esto sí me remito estrictamente al plano de lo actuado, para repetirle, nada ni siquiera remotamente parecido a una reacción golpista de parte nuestra por el contrario hemos logrado preservar la institucionalidad republicana en cuya preservación el pleno de la Corte Suprema de Justicia de ayer constituye un paso fundamental.

PB: Le agradecemos muchísimo esta comunicación con Radio Cooperativa, como ve estamos muy interesados en lo que sucede en el Paraguay, lo seguimos con mucha atención y preocupación, por supuesto y en otra oportunidad lo volveremos a llamar para que nos siga contando que es lo que está pasando en el Paraguay.

JCG: Estoy a disposición de ustedes. Les agradezco y les deseo un feliz año a todos ustedes y permítanme que exprese, desee y lo extienda particularmente a los miles de compatriotas paraguayos que viven, trabajan y sueñan en esa región de nuestro continente.

[…]

PB: Es muy difícil analizar la situación que vive un país cuando se entra en estos vericuetos constitucionales que uno no maneja. Los de Lugo dicen que le están impulsando un juicio político para destituirlo y la oposición dice que lo que quiere hacer Lugo es cerrar el Congreso para llevar adelante un modelo chavista similar a lo que denunciaban los golpistas en Honduras al presidente Manuel Zelaya, al cual terminaron destituyendo. Me parece que la lección respecto de Honduras -y nosotros en nuestro programa hemos hablado mucho de Honduras-; creo que los paraguayos entendieron que no les conviene sacar al presidente entre gallos y media noche con los militares porque entonces todos sí van a considerar que hubo un golpe de Estado. En segundo lugar que se pueden utilizar todo tipo de artilugios constitucionales para darle un viso de legalidad al desplazamiento del presidente. En este caso Lugo, como ocurrió con Zelaya, acá se trataría de un juicio político porque después se entra en la maraña de cuestiones técnicas que la mayoría no entiende. Y en tercer lugar, me parece importante preparar a la opinión pública para la destitución del presidente acusándolo justamente como en Honduras de estar violando la constitución. En este sentido me parece que podemos aprender de lo que pasó en Honduras porque tanta gente se pregunta que lecciones se aprenden de lo que sucedió en Honduras, qué lecciones aprenden los gobiernos, qué lecciones aprende Estados Unidos y si se va a repetir el modelo de Honduras. Me parece que tal vez uno de los elementos mas importantes para tomar en cuenta es que probablemente no busquen la destitución del presidente utilizando a los militares sino que traten de torcerle la muñeca por la vía constitucional con esta gran maraña técnica.

miércoles, 6 de enero de 2010

Brieger: Hondurazo en Paraguay

Próximamente en la revista ACCION (http://www.acciondigital.com.ar)

“El Gobierno de los Estados Unidos no tolerará ningún hondurazo” dijo un senador paraguayo después de una reunión en Asunción con Arturo Valenzuela, el representante de Washington para América Latina. No queda claro si la palabra “hondurazo”, la utilizó Valenzuela o fue la traducción del senador Alberto Grillón sobre lo dicho por Valenzuela para explicar que la Casa Blanca no toleraría un juicio político contra el presidente Fernando Lugo. Tampoco queda claro qué es exactamente lo que Estados Unidos no “tolerará”, dado que sí toleró el golpe de Estado en Honduras. No solamente lo toleró, sino que hizo todo lo posible para evitar el retorno de Manuel Zelaya a la presidencia. Y lo consiguió.
Seguramente los políticos paraguayos que se oponen a Lugo han aprendido varias lecciones de lo sucedido en Honduras. En primer lugar, que no conviene utilizar a los militares para destituir al presidente entre gallos y medianoche, porque es lo más parecido a un golpe de Estado. También, que se pueden utilizar todo tipo de artilugios constitucionales para darle un viso de legalidad a su desplazamiento, tal como ocurrió con Zelaya. A posteriori, el debate sobre lo sucedido entra en una maraña de cuestiones técnicas que la mayoría de la población no puede seguir ni entiende y, el destituido, bien destituido está. Además, y no menos importante, que hay que preparar a la opinión pública con una campaña de desprestigio del presidente acusándolo, como en Honduras, de que él está violando la constitución. La oposición a Lugo cuenta con una ventaja, a diferencia de Honduras, en Paraguay hay un vicepresidente, Federico Franco, que afirma estar dispuesto a asumir la presidencia si fuera necesario.
Los medios de comunicación están jugando un rol fundamental para minar la autoridad de Lugo y abiertamente claman su destitución o renuncia. El 20 de diciembre el diario Ultima Hora incluso propuso que Lugo “haga de Jefe de Estado al estilo de los presidentes de Alemania o Italia, entre otros, y que Federico Franco sea el Jefe de Gobierno”. Pero también le sugería otra alternativa, que renuncie y que diga que no estaba preparado para ser estadista, para que nadie piense que se trató de un golpe.
Que nadie piense que se trata de un golpe. Eso es un “hondurazo”.

lunes, 4 de enero de 2010

Entrevista a Marco Enriquez Ominami

Programa Carbono 14 de Radio Nacional Buenos Aires, Eduardo Anguita y Pedro Brieger entrevistan a Marco Enriquez Ominami, quien logró el tercer lugar en las elecciones a presidente con el 20% de los votos, y se convirtió en la pieza clave de cara a las elecciones del 17 de enero.
Audio disponible en:

http://www.radionacional.com.ar/audios/entrevista-a-marco-enriquez-ominami-de-cara-a-la-segunda-vuelta.html?PHPSESSID=79e0b6a0e4dd785ffffc11ddd82c5235

sábado, 26 de diciembre de 2009

Brieger- Chile: Un final abierto

Próximamente en Acción
Chile: Un final abierto

Aunque todavía no está dicha la última palabra respecto de la segunda vuelta en Chile el próximo 17 de enero, la mayoría de los analistas coincide en que la derecha tiene muchas posibilidades de ganar la presidencia por la vía electoral por primera vez en cincuenta años. El desgaste y la desunión de los partidos y figuras que conforman la Concertación liderada por Michelle Bachelet le permitió a Sebastián Piñera obtener el 44 por ciento de los votos en primera vuelta. La derecha, que siempre iba desunida en la primera vuelta se unió; y la Concertación, que siempre iba unida, se fracturó. Por un lado quedó el ex presidente Eduardo Frei con apenas el 30 por ciento de los votos; y por el otro, Marco Enriquez-Ominami, el joven que pateó el tablero al lanzar su candidatura, que obtuvo el 20 por ciento. Y la Concertación perdió. Lejos, con el 6 por ciento, quedó Jorge Arrate con los votos comunistas. La suma de los votos de quiénes no votaron por Piñera deberían impedir que éste se alce con la victoria en enero. Sin embargo, en política la aritmética tiene sus propias reglas. La campaña de Marco Enriquez-Ominami (MEO como le dicen los chilenos) se caracterizó por su dura crítica a la Concentración, una coalición de gobierno todavía atrapada en las reformas impuestas por la dictadura de Augusto Pinochet. En la “ponderada” democracia chilena una fuerza política como la liderada por MEO puede obtener el 20 por ciento de los votos a nivel nacional y no tener ni siquiera una banca en el parlamento. Esa es otra de las herencias de Pinochet que hasta ahora la Concertación no se atrevió a modificar.
¿Convencerá MEO a sus votantes que voten por Frei después de decir que ambos candidatos pertenecen al pasado? Si mira el contexto latinoamericano y sopesa lo que significaría un triunfo de la derecha en Chile, MEO, sin llamar a votar por Frei bien podría decir “todos contra Piñera” y así evitar el triunfo de la derecha. ¿Lo hará?

domingo, 20 de diciembre de 2009

Entrevista al senador del Partido Liberal de Paraguay; Alfredo Luis Jaeggli (Carbono 14)

ENTREVISTA al senador del Partido Liberal, Alfredo Luís Jaeggli (ALJ) sobre el juicio político que podría enfrentar el presidente Fernando Lugo.

PROGRAMA: “Carbono 14”, Radio Nacional, Buenos Aires Argentina, 17 de diciembre 2009.

La entrevista fue realizada por los periodistas Pedro Brieger (PB), Eduardo Anguita (EA) y Miriam Lewin (ML).

Audio disponible en: http://www.radionacional.com.ar/audios/el-senador-del-partido-liberal-habla-sobre-fernando-lugo-y-los-presuntos-planes-de-derrocamiento-en-paraguay.html

Desgrabación de la entrevista:

PB- Comentábamos al comienzo del programa que hay una situación complicada en el Paraguay, entonces para entender un poco mejor que es lo que está pasando decidimos entrevistar al senador liberal Alfredo Luís Jaeggli. Que es presidente de de la comisión de hacienda y de la bicameral de presupuesto.
Que tal Senador lo estamos saludando aquí desde Radio Nacional, Pedro Brieger, Eduardo Anguita y Miriam Lewin.

ALJ- Buenas tardes, ¿Cómo están los hermanos argentinos? Soy Alfredo Luis Jaeggli, senador liberal presidente de la comisión de hacienda y de la bicameral de presupuesto por este año.

PB- Senador, nos explica un poco que está pasando en el Paraguay porque se está hablando mucho de un posible juicio político al Presidente Lugo, ¿De qué se trata esto?

ALJ- Mire, yo no puedo, no puedo comprometer los votos de un colectivo, pero se está hablando realmente de un posible juicio político porque aparte de los problemas que estamos teniendo en la parte económica, especialmente en la inestabilidad criminal, se está hablando realmente de un juicio político. Todavía no se está discutiendo formalmente en el partido liberal, digo todavía, porque hay un grupo de senadores, incluso yo mismo que realmente estarían propiciando la continuidad de un juicio político; ya que no se están dando las promesas y los cambios que el Partido Liberal se comprometió a hacer, verdad, entonces realmente se están dando en mi propio partido, una especie de división en mi propio partido, el partido liberal, sobre el juicio político al presidente Lugo. En ese caso asumiría el vicepresidente Federico Franco.

PB- Senador, ¿Desde que el momento que el Parlamento comienza un juicio político tiene que asumir el vicepresidente? ¿Cuáles son los pasos jurídicos para llevar adelante esto?

ALJ- Una acusación de Cámara de Diputados, después tiene que pasar a senadores, se necesitan 30 votos, somos 45 luego prosigue el juicio político. Conlleva todo como tú sabes. Claro que es una inestabilidad es una conmoción pero…

EA- ¿En la época de Stroessner se vivía mejor en Paraguay?

ALJ- No, no, no. Bajo ningún punto de vista

EA- ¿Entonces por qué la necesidad de forzar una situación para impedir que un mandatario termine su período?

ALJ- Mire, yo le voy a decir que en el Paraguay es el único país junto con Haití y Cuba que no hicieron reforma a la modernización. Ustedes tuvieron su modernización, ustedes saben bien con el gobierno de Menem, saben a que me refiero. Brasil tuvo también, Uruguay tuvo también, Bolivia también pero desgraciadamente tuvo una involución. Paraguay no, todavía está como en los años 50, las instituciones están totalmente obsoletas, acá se necesitan reformas modernas y este es uno de los problemas que tiene el Presidente Lugo…

ML- Perdón, ¿A qué califica usted de reformas modernas?

ALJ- Muy bien, le voy a explicar rápidamente, usted sabe muy bien que el Estado paraguayo es productor de caña todavía. ¿Le parece que un Estado puede producir caña? ¿Usted sabe lo que es la caña verdad? Bueno, todavía tiene una fábrica de caña que tiene pérdida. ¿Le parece que eso puede ser un Estado moderno?

PB- ¿Y el Presidente Lugo es un escollo para esta modernización?

ALJ- Sí, sí sí, así como te estoy diciendo…

PB- ¿Entonces lo mejor es desplazarlo y que asuma el vicepresidente Franco que él podría impulsar la modernización?

ALJ- Por lo menos para mi idea sí y para la idea de otros muchos. Nosotros no podemos involucionar, nosotros tenemos que impulsar una revolución. Nosotros tuvimos ¡60 años de dictadura! de castigo, de vandalismo. Nosotros tenemos que democratizar, tenemos que hacer atrayente este país para que nos vengan inversiones….

EA- Ah, para que lleguen inversiones externas, lo desplazarían a Lugo para lo que llaman seguridad jurídica…

ALJ- No solamente externas, si llegan fantásticas, formidables, acá también las internas, ¡Las internas! Se sabe que hay un montón de dinero pero por la inseguridad jurídica y política que tenemos, nadie va a reinvertir su dinero….

EA- Algo similar a lo que pasó en Honduras, desplazar a Zelaya para que pueda estar mas seguro el capital que se va a invertir.

ALJ- Mire, yo también tengo mis ideas diferentes de las que ustedes tiene, me doy cuenta, respecto a lo que pasó en Honduras. Yo soy parte de la Fundación Libertad, y la Fundación Libertad es parte de la Fundación Naumann y el Presidente hondureño, asumió la presidencia con un modelo liberal y luego traicionó y se fue al socialismo del siglo XXI. Lo que pasó en Honduras, discúlpenme, para mi es totalmente legal.

EA- ¿Totalmente legal?

ALJ- Totalmente legal para mi punto de vista.

PB- Por eso podría haber algo similar en el caso paraguayo, como usted señala, también sería legal un juicio político para que asumiera el vicepresidente Franco. No estamos hablando de ruptura de la Constitución en ningún momento

ALJ- En ningún momento, bajo ningún punto de vista. Acá el juicio político es constitucional, está totalmente reglamentado y eso lo deciden los votos…

ML- ¿Cuáles serían los delitos? ¿Cuál sería el incumplimiento de deber de funcionario que ha cometido Lugo desde su punto de vista? Porque hasta el momento, usted lo que está diciendo es que es un escollo para la aplicación de la políticas neoliberales que usted apoya…Pero en ningún momento ha señalado, desde su punto de vista, cuales son los justificativos para hacerle juicio político…

ALJ- ¿Usted sabe lo que es un juicio político? ¿Sabe cual es la diferencia entre un juicio político y uno jurídico? En el jurídico uno tiene que ser un delincuente, un homicida, se tiene que pillar que mató a alguien, un juicio político, son 30 senadores y 43 diputados que dicen que esto ya no anda mas, que no funciona, ¡así de fácil es! Discúlpeme…

ML- Pero tiene que haber una razón, ¿Usted podría enunciar cuales son las razones?

ALJ- La primera razón es que este pobre país no tiene ningún cambio y con este señor posiblemente vamos a pasar a una involución en vez de a una revolución, este señor lo que quiere es liquidar los partidos, darle sueldo a las organizaciones sociales. Lo que quiere es presentar como una panacea al socialismo del siglo XXI y para la gran mayoría en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores que somos representantes elegidos, no es así. Nosotros tenemos que hacer lo contrario a todo eso.
A nosotros no nos está gustando lo que está pasando en Bolivia ni en Venezuela y tampoco en la Argentina…vamos a ser honestos. Menos que menos en Nicaragua, menos que menos en Nicaragua, verdad, no nos parece. A lo mejor estamos equivocados, pero los índices económicos de Bolivia y de Venezuela están mucho peor que antes, entonces lo que nosotros lo que queremos es evitar eso, porque acá la pobreza es extrema, tenemos que sacar este país adelante. Tenemos que lograr que haya industrias, inversiones, que suba la economía, democratizar, abrir el país y este señor quiere todo lo contrario…

ML-¿En que países de Latinoamérica esos planes económicos de orientación liberal disminuyeron la pobreza?

ALJ- En Chile ¿Qué le parece? ¿No está de acuerdo conmigo? O usted cree que los socialistas en Chile son los que hicieron crecer la economía, no han cambiado, ni siquiera el código laboral chileno. El código laboral chileno, es todavía el código de Pinochet ¡que le parece!

ML- ¿A usted le parece positivo esto?

ALJ- ¡Qué le parece! Chile es el ejemplo de progreso. Porque hay menos pobres, la gente trabaja, hay satisfacción, hay democracia…ya ve.

ML- Me llama la atención senador, que usted no haya mencionado la conducta personal del presidente Lugo y se lo pregunto porque soy mujer.

ALJ- Mire, honestamente le digo que soy muy práctico y muy sincero. Si Lugo hubiera tenido esa conducta moral de esa forma pero hubiera hecho reformas que hubieran retornado como le retornaron a Chile…así de fácil es.

ML- Ah! No tengo más preguntas. Muchas gracias.

EA- Que tenga buenas tardes senador.

ALJ- Muchas gracias, hasta luego.

PB- Estuvimos hablando con el Alfredo Luis Jaeggli, senador liberal presidente de la comisión de hacienda y de la bicameral de presupuesto que de alguna manera ratifica los rumores que están circulando de un juicio político en contra del presidente Fernando Lugo y de una destitución a la hondureña -como se está comenzando a utilizar- pensando en un golpe de Estado que no es encabezado por los militares sino que está siendo llevado adelante por los propios parlamentarios. Darle un viso de cierta constitucionalidad donde después hay que discutir si es legal, si no es legal, cómo se hizo, pero a la larga, tomando el ejemplo de Honduras, el golpe se mantiene y el destituido no puede volver al poder

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Entre la alegría y el miedo

Brieger- Próximamente en Acción

A la gente le gusta fabricar mitos. Uno de ellos es que los uruguayos son mucho más “democráticos y civilizados” que los argentinos, y que sus diferencias políticas las zanjan dialogando. Supuestamente no se comportarían como enemigos que buscan destrozarse. Este mito está muy difundido a ambas márgenes del Río de la Plata. Las recientes elecciones demostraron que no es más que un mito. El eje de la campaña electoral de la derecha uruguaya fue provocar el miedo ante un eventual triunfo de José Mujica. Su principal aviso televisivo con música tremendista mostraba a muchos uruguayos diciendo “no lo voy a votar” (a Mujica) y cerraba con un niño atemorizado preguntándole a su madre si lo iba a votar, casi como diciéndole que si lo hacía, se venía el fin del mundo. Sólo una mujer planteaba algo positivo y decía “yo voto vivir en paz”, un claro mensaje de que el voto por el Frente Amplio era un voto por la guerra. ¿Acaso el antónimo por naturaleza de la palabra “paz” no es la palabra “guerra”?
También trataron de asustar con la palabra “tupamaro”, igual que la mayoría de los medios de comunicación latinoamericanos que apoyaban a la derecha, pero esa definición política ya no asusta a nadie Hace más de veinticinco años que los Tupamaros están integrados al sistema político parlamentario y ni sueñan con retomar las armas.
La contracara del miedo fue la campaña del Mujica. A ritmo de murga y el famoso tema “A Don José” de Los Olimareños –una especie de himno popular uruguayo- la publicidad del “Pepe” rebosaba alegría. La gente aparecía sonriendo con ganas y Mujica fue presentado como una persona común y corriente; “como vos”.
Blancos y Colorados gobernaron el Uruguay desde que se tenga memoria y no dejarán de apelar al miedo ni se quedarán de brazos cruzados ante cualquier medida que intente tomar Mujica que afecte los intereses de las clases dominantes. El ex presidente Julio María Sanguinetti, presentado como el adalid de la democracia, ya adelantó que “Mujica no ofrece garantías de un gobierno democrático”. ¿Qué habrá querido insinuar?

viernes, 2 de octubre de 2009

Brieger- La política exterior en la era Kirchner

El siguiente texto fue presentado en el seminario “Politica externas dos governos progresistas do Cone Sul: convergencias e desafios”. Organizado por la Fundación Friedrich Ebert, Sao Paulo, 29-30 de septiembre 2009.

La política exterior de la era Kirchner
Por Pedro Brieger


1) INTRODUCCION

En las elecciones del 27 de abril de 2003 el Frente para la Victoria liderado por Néstor Kirchner obtuvo el 22 por ciento de los votos detrás del ex presidente Carlos Menem que obtuvo el 24 por ciento. Ambos candidatos debían participar de una segunda vuelta electoral pero Menem decidió retirarse, dejando que Kirchner asumiera automáticamente, aunque con el porcentaje de votos más bajo de la historia argentina.
Después de gobernar durante más de diez años Santa Cruz, la segunda provincia argentina en tamaño, pero una de las menos pobladas con apenas 240 mil habitantes, Néstor Kirchner se convirtió en el 54 presidente de la Argentina. Desconocido para la mayoría de los argentinos Kirchner le cambió el rumbo al país después de diez años de menemismo (1989-1999), una profunda crisis política y económica que provocó un estallido social y la renuncia del presidente De la Rúa (2001), y un breve interinato de Eduardo Duhalde elegido por la Asamblea Legislativa (enero 2002-mayo 2003).
Para analizar la política exterior de la era Kirchner que comenzó en mayo de 2003 y continúa con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner desde el 10 de diciembre de 2007, hay que tomar en cuenta los intereses políticos, económicos y geoestratégicos del país en un contexto internacional y regional en constante movimiento.
Es imposible en el contexto de un trabajo de análisis y reflexión repasar todas las votaciones e intervenciones argentinas en los diferentes foros u organismos internacionales. Nuestro objetivo es tomar algunos de los hechos más relevantes y analizarlos para poder contribuir a un debate sobre la inserción de la Argentina en América Latina y el mundo. Esto permitirá conocer las políticas que son convergentes y divergentes respecto de los otros países de la región y se podrá realizar un intento de articular políticas conjuntas, siendo conscientes de las diferencias que han existido en el pasado y que aún subsisten con los otros gobiernos denominados “progresistas”.

2) EL CONSENSO DE WASHINGTON: FIN DE UNA ETAPA

Al asumir Néstor Kirchner se encontró con un panorama muy diferente a la década del noventa marcada por el fin del mundo bipolar y la consolidación de Estados Unidos como única e indiscutida superpotencia. En esos años George Bush (p) hablaba de un Nuevo Orden Internacional que surgiría después de la Guerra del Golfo de febrero 1991 y se discutían las teorías de Francis Fukuyama sobre el “fin de la historia” y las de Samuel Huntington sobre “el choque de civilizaciones”.
Kirchner asumió menos de dos años después del atentado a las Torres Gemelas cuando Estados Unidos ya había invadido Afganistán e Irak y cuando las críticas hacia la política exterior de George Bush (h) estaban en su punto más alto.
La política exterior es la combinación de un conjunto de factores que van desde lo económico, lo histórico, lo regional y lo político. El reclamo por la soberanía de las islas Malvinas es histórico y todos los gobiernos democráticos lo han tenido en su agenda de negociación. China se ha convertido en el segundo destino de las exportaciones argentinas después de Brasil , pero eso no implica que exista una política preferencial hacia ese país ni hacia otras regiones con la cuales hay vínculos de primer nivel, como algunos países europeos o del mundo árabe. Estados Unidos y Latinoamérica siguen siendo los ejes de la política exterior. Estados Unidos, porque al ser la primera potencia mundial tiene influencia sobre cualquier decisión económica y política que tome la Argentina, y Latinoamérica, porque es el ámbito natural de inserción. Las transformaciones en América Latina y la relación con Estados Unidos son las que han sufrido más cambios y exigen un análisis que obliga a un desafío intelectual y político que excede las relaciones comerciales con cualquier país. No ha habido grandes cambios ni decisiones estratégicas en la relación con Europa, Asia y África, entre otros motivos, porque no ha habido nuevos desafíos políticos en esas regiones de la magnitud que existen en América Latina, que además es la zona de influencia directa de los Estados Unidos. Se podría señalar el acercamiento a la llamada corriente de la “Tercera Vía” y la participación en sus seminarios y eventos internacionales como una muestra abierta de acercamiento a sectores progresistas europeos aunque dependiendo siempre de las iniciativas de los fundadores e impulsores de esta corriente que no terminó de instalarse como una alternativa ni siquiera en Europa.
Por esta razón la política y la economía argentina están atravesadas por la relación con Estados Unidos y América Latina con importantes cambios y retos, en particular después de la década de los noventa y la aplicación de las teorías neoliberales. Es preciso recordar que el neoliberalismo, desde una posición marginal y minoritaria logró convertirse en doctrina hegemónica con la apreciable participación de los medios masivos de difusión. El ascenso de las ideas neoliberales no fue la consecuencia del fracaso de los proyectos llamados “populistas” o “estatistas” castigados por el voto popular, ya que las experiencias de gobiernos populares de los años setenta fueron abortadas por golpes de Estado.
En los años noventa se impusieron los postulados del llamado Consenso de Washington cuyos ejes sostenían que todo lo público es ineficiente, que el Estado es intrínsecamente perverso, que la única manera para que las empresas de servicios funcionen es privatizándolas, que así se reducirán gastos y se eliminará la corrupción; la necesidad de achicar el Estado, bajar el gasto público, abrir los mercados, incrementar la producción de artículos destinados a la exportación, flexibilizar y “modernizar” los mercados laborales, quebrar el poder de los sindicatos supuestamente interesados solamente en enriquecer a sus cúpulas, y reducir los gastos sociales, entre tantos otros postulados.
Para implementar las profundas reformas planteadas los diferentes gobiernos recibieron el aval de los principales organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, cuyos funcionarios surcaron Latinoamérica llevando las recetas bajo el brazo. Cual dogma religioso e incuestionable se le ofrecía el mismo modelo a todos los países: apertura, privatizaciones –aún de las empresas públicas rentables–, achicamiento del Estado, etc. En el año 2000 Joseph Stiglitz –todavía vicepresidente del Banco Mundial- decía que “oficialmente por supuesto el FMI no “impone” nada. “Negocia” las condiciones para otorgar ayuda (...) Yo sé de un desafortunado incidente donde un equipo del FMI copió gran parte de un texto de un informe de un país y se lo ofreció a otro dejando el nombre del país original en algunas partes del texto.”
La década del ochenta es recordada como “la década pérdida”. En 2001, analizando al proyecto económico-ideológico que imperó en América Latina en los años noventa y cuyo discurso prometía el acceso a lo que se dio en llamar “Primer Mundo”, decíamos que esa década bien podía ser definida como “la década del mito neoliberal”.

3) LOS CAMBIOS EN EL CONTEXTO REGIONAL

Para comprender la política exterior argentina de la era Kirchner (2003-2009) hay que tomar en cuenta los cambios sucedidos en América Latina en dicho período. En una amplia gama de países han accedido al gobierno partidos y movimientos que expresan una corriente de pensamiento y acción sumamente heterogéneo y difícil de definir aunque por lo general se utiliza la definición “gobiernos progresistas”. La enunciación es complicada pues muchos de estos gobiernos combinan una retórica de oposición al neoliberalismo con la continuidad de políticas económicas neoliberales heredadas y que no han sido desmontadas. Algunos gobiernos y presidentes se definen como socialistas en sus diversas variantes, otros se identifican con la palabra izquierda o centroizquierda, mientras están los que responden a sus historias particulares y le escapan a los encasillamientos. Se puede decir que América Latina ha comenzado el siglo XXI con un conjunto de países que está tratando de superar el “corsé” de las políticas neoliberales heredadas.
El gobierno de Néstor Kirchner es parte de esta corriente regional que estuvo marcada por el contexto de estallidos sociales como los sucedidos en Argentina (diciembre 2001) Bolivia (octubre 2003) Ecuador (abril 2005), el ascenso de nuevos actores (Morales, Correa, Lula) y en el marco de una red de alianzas regionales para reposicionarse en el escenario mundial.
Tomando en cuenta que la mayoría de los sistemas políticos en la región es presidencial no sorprende ver que en casi todos los países donde se están tratando de impulsar cambios existe una fuerte tensión entre los parlamentos, las regiones y la figura del presidente, alrededor de la cual se construyeron los triunfos electorales. Esto también demuestra el poder real que ostentan los partidos a nivel local y regional, que una elección nacional no necesariamente erosiona. En este contexto, triunfar en los sufragios no implica –per sé- la posibilidad de transformaciones en un país y –mucho menos- si trata de que éstas sean radicales y estructurales. La legitimidad de las urnas puede ser socavada día a día por la oposición, cuyo fin último es retornar al poder lo antes posible. Es así que se traban las leyes en el parlamento, el aparato burocrático impide implementar reformas y –si es necesario- se puede apelar a las movilizaciones para “demostrar” la ineficiencia del nuevo gobierno y su incapacidad para manejar la economía, y por ende el país. Su conocimiento y experiencia del juego político además les permite reciclar y “reinventar” reivindicaciones legítimas como las demandas autonómicas en Bolivia, Venezuela y Ecuador.
Si bien no se puede tomar la revuelta del 19 y 20 de diciembre de 2001 como el momento del cambio regional, no es menos cierto que el impacto que tuvieron los hechos argentinos en toda América Latina excedió las múltiples y a veces confusas reivindicaciones de los propios protagonistas.
Al momento de asumir Néstor Kirchner la presidencia en mayo 2003 el panorama político ya estaba en un proceso de cambio acelerado con un reclamo de redefiniciones también en la política exterior.
Existe hoy una gran dificultad para definir los cambios en América Latina y a los diferentes gobiernos que conforman esta heterogénea corriente denominada “progresista”. La búsqueda de las categorías adecuadas es parte del desafío intelectual de este momento histórico e incluye una amplia y variada gama de definiciones que contemplan todas las transformaciones en la región, dentro de las cuales incluso es posible encontrar los planteos de John Holloway de cambiar el mundo sin tomar el poder, fruto de su reflexión sobre la experiencia zapatista.
En este desafío, y para no utilizar definiciones que terminen encasillando a gobiernos que han demostrado ser muy versátiles, consideramos que se pueden plantear la existencia de tres vertientes. La primera se caracteriza por “movilizar y refundar. Es el camino elegido por Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa que –apenas llegados al poder- manifestaron su intención de refundar sus países sobre nuevas bases materiales y sociales. Para tal fin, en vez de negociar con los viejos partidos corruptos y desprestigiados aprovecharon el triunfo inicial para legitimar su poder una y otra vez por medio de las urnas. Las convocatorias a referéndum para impulsar Asambleas Constituyentes buscaban –entre otros objetivos- cambiar la relación de fuerzas desfavorable en los parlamentos existentes ya que no habían obtenido una mayoría parlamentaria. Además, impulsaron con la participación ciudadana nuevas constituciones que dejaran atrás la lógica neoliberal impuesta por los gobiernos anteriores. La segunda se caracteriza por “pactar y negociar” y su principal exponente es Brasil. Se basa en el tejido de alianzas pragmáticas con los diferentes partidos políticos que representan a las clases dominantes para garantizar una relativa estabilidad de gobierno. Cuando Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones en 2002 el Partido de los Trabajadores (PT) apenas obtuvo 91 diputados (sobre 513) y 12 senadores (sobre 81). A nivel de los Estados consiguió elegir tres gobernadores (sobre 27) perdiendo San Pablo y Porto Alegre, dos ciudades emblemáticas en un contexto donde lo local cada vez cobra mayor fuerza ya que la población no mira solamente al poder central para reclamar o exigir mejoras en la vida cotidiana. En la tercera vertiente, más heterogénea dentro de la heterogeneidad, se inscriben los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. También se puede incluir al Frente Amplio en Uruguay, la Concertación en Chile y otros que –cada uno con sus particularidades- oscilan entre posturas de negociación y otras de confrontación, pero que –claramente- se distinguen de las dos vertientes anteriores.

4) DE LAS RELACIONES CARNALES A UN MUNDO MULTIPOLAR

El ex presidente Néstor Kirchner pertenece a un movimiento histórico como el peronismo que tiene la particularidad de poder contener en su seno corrientes ideológicas contrapuestas que incluso apelaron a las armas para dirimir sus diferencias. Fue su líder, Juan Domingo Perón, quien popularizara la frase “La Tercera Posición” para marcar equidistancia entre los dos bloques enfrentados durante la Guerra Fría. El derrocamiento de Perón en 1955 y su largo exilio hasta 1973 impidieron que la Argentina se incorporara como miembro pleno antes de 1973 al Movimiento de Países No Alineados. Por esta razón resalta el hecho de que un presidente peronista, Carlos Menem (1989-1999) retirara a la Argentina de dicho movimiento en 1991. Fue también Menem quien desmanteló proyectos nucleares y se alineó con los Estados Unidos en lo que su canciller, Guido Di Tella, definió como “relaciones carnales”. Sustentado en la teoría del “realismo periférico” -elaborada por su asesor, el politólogo Carlos Escudé- el eje de la política exterior se basó en el beneficio que podía obtener la Argentina de su vinculación con los Estados Unidos y los organismos financieros internacionales. A grandes rasgos esta política no sufrió cambios durante la breve gestión del presidente Fernando de la Rua (1999-2001).
Néstor Kirchner asumió como presidente en mayo de 2003 con una larga historia de contradicciones y vaivenes de su propio movimiento político y en particular condicionado por la política de alineamiento casi automático con Estados Unidos. Sin embargo, contó con el antecedente directo de la presidencia interina de Eduardo Duhalde que tomó dos decisiones importantes en política exterior durante su corto mandato. Por un lado, se opuso inmediatamente al golpe de Estado en Venezuela (abril 2002) y por el otro, no apoyó la invasión de Estados Unidos a Irak (marzo 2003) tomando distancia de la Casa Blanca. Este segundo hecho contrastó claramente con el orgulloso y declamativo apoyo dado por Carlos Menem a la guerra en Irak en 1991 cuando envió naves al Golfo arábigo-pérsico. Sólo la Argentina y Honduras participaron de la coalición que recibió el nombre de “Fuerzas Aliadas” y el principal argumento del gobierno fue que ayudaría a establecer un vínculo más intenso con los Estados Unidos. El entonces canciller Domingo Cavallo (futuro ministro de economía) argumentó que si no se enviaban las tropas la Argentina se vería azotada por las plagas del “retroceso, atraso, aislamiento” y Carlos Menem aseguró que sería el ingreso al denominado “Primer Mundo”.
En su primer discurso ante la Asamblea Legislativa Néstor Kirchner afirmó
que la Argentina debía estar abierta al mundo, pero de una manera realista
y que no debían esperarse “alineamientos automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales” en una política mundial de multilateralidad. A su vez, resaltó que la prioridad en política exterior sería la “construcción de una América Latina políticamente estable, próspera, unida, con bases en los ideales de democracia y de justicia social”. Planteó también una “relación seria, amplia y madura con los Estados Unidos de América y los Estados que componen la Unión Europea”, la obtención de consenso en ámbitos como Naciones Unidas y –por supuesto- el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas resaltando que él provenía del “sur de la Patria, de la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales”. Tampoco quedó fuera de su discurso “la lucha contra el terrorismo internacional, que tan profundas y horribles huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino”.
Aunque al momento de asumir la presidencia Néstor Kirchner era un desconocido para gran parte de los argentinos, los tópicos abordados en el su primer discurso mostraban una continuidad respecto de la corta gestión de Eduardo Duhalde y un principio de ruptura con la política de Carlos Menem. La falta de conocimiento de su persona implicaba también un misterio respecto de las decisiones que tomaría en política exterior. Por otra parte, accedió al poder ejecutivo acompañado de un conjunto de personas que tampoco tenían definiciones demasiado conocidas en el tema.
Un ejemplo sirve para ilustrar lo antedicho. Al poco tiempo de asumir Kirchner la presidencia recibió en audiencia a un conjunto de movimientos sociales que se oponían al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsado por Estados Unidos. Según los testimonios de varios de los presentes en la reunión el presidente sabía muy poco sobre el tema y no tenía una posición tomada, siendo que sus antecesores (Menem, de la Rúa y Duhalde) habían negociado la conformación del ALCA con la Argentina como miembro pleno. Hay que tomar en cuenta que el ALCA fue el proyecto más importante y ambicioso de los últimos años de los Estados Unidos a nivel continental y que su fracaso se debió, entre otros motivos, también al posterior rechazo del gobierno argentino del propio Néstor Kirchner. De todas maneras, antes de su primer viaje a Estados Unidos para encontrarse con George Bush el ministro del interior Aníbal Fernández afirmó que la posición argentina podría tener una definición de “no alineamiento automático” sin que esto significara “desalineamiento automático”

5) ESTADOS UNIDOS Y AMERICA LATINA

En los últimos años se ha generalizado la visión de que América Latina no está en los planes de la Casa Blanca porque el Medio Oriente y el mundo islámico se habrían convertido en el eje central de su política exterior. Algunos incluso sostienen que no está entre sus prioridades y que esto se puede comprobar porque ya no organiza golpes de Estado, como si fuera la única forma de intervención política.
Es inobjetable que en las campañas electorales hay muy pocas referencias de republicanos y demócratas sobre Latinoamérica (salvo Cuba) y sólo se escuchan algunas frases generales de compromiso. Sin embargo, suena ingenuo (o interesado) afirmar que Estados Unidos “se olvida” de América Latina. La región sigue siendo fundamental y todavía es considerada su “patio trasero” (backyard), palabras textuales utilizadas por el director de la CIA en 2005, Porter Goss, en una audiencia del senado estadounidense.
Los datos demuestran que esta visión contrasta con la realidad. Según números oficiales del Departamento de Estado en 2004 el comercio de Estados Unidos en la región excedió los 445.000 millones de dólares, y las inversiones superaron los 300.000 millones de dólares. Un informe de la CEPAL de 2004 señalaba que entre las 50 principales empresas transnacionales no financieras del mundo, según ventas consolidadas, que tenían presencia en América Latina, 22 eran estadounidenses. Y entre las “top ten”, aparecían cinco: General Motors (1), WalMart (3), Bunge (6), Ford Motor (9) y Delphi (10).
En 1994 la Casa Blanca lanzó uno de sus proyectos más ambiciosos para todo el continente: el Área de Libre Comercio de las Ameritas (ALCA). Su abandono no fue por falta de voluntad sino por el rechazo que provocó en varios países de la región, y en particular el MERCOSUR. Promovido por los demócratas y continuado por los republicanos este proyecto estratégico surgió para afianzar un proceso de integración basado en el famoso “Consenso de Washington” en la década que la inmensa mayoría de los presidentes implementaron políticas neoliberales, y para que el intercambio comercial favoreciera de manera clara a las empresas estadounidenses.
En Abril de 2002 un golpe de Estado derrocó por 48 hs. a Hugo Chávez en Venezuela. El golpe contó con la colaboración y apoyo directo del Departamento de Estado que financió –y continúa financiando- por diferentes vías a numerosas organizaciones de la oposición venezolana.
No es por retórica “setentista” que durante la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en 2009 varios presidentes se hayan referido a la injerencia de la Casa Blanca en los asuntos internos de diferentes países. Más de un embajador norteamericano ha intervenido abiertamente en procesos electorales (como en Nicaragua para evitar el triunfo de Daniel Ortega) y en algunos casos la embajada de los Estados Unidos es considerada un factor de poder real y público. En Bolivia el embajador Manuel Rocha en 2002 vinculó a Evo Morales con el narcotráfico y amenazó con retirar las inversiones y frenar las exportaciones del gas y de la industria textil para impedir su triunfo en las elecciones de ese año.
Aunque no figure en la primera plana de los periódicos, embajadores, congresistas y empresarios norteamericanos han recorrido la región con la intención de lograr que todos los países de América Latina firmen Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales que favorezcan a sus empresas o productores. Carlos Mesa, en el corto período que estuvo como presidente de Bolivia lo conoció en carne propia. Las presiones para que Pacific LNG obtuviera la concesión exclusiva del gas boliviano fueron tan grandes que incluso un documento confidencial del Banco Mundial fechado el 8 de enero de 2004 amenazaba con reducir a un tercio la ayuda del organismo a Bolivia si el gobierno decidía que el destino del gas no fuera Estados Unidos.
La intervención de Estados Unidos en los años noventa en Haití fue clave para el derrocamiento y posterior regreso del presidente Jean Bertrand Aristide. Depuesto nuevamente en 2004 fue llevado en un avión norteamericano al Africa. Desde entonces en Haití hay una fuerza multinacional compuesta por varios países latinoamericanos –también la Argentina- que respondió al llamado de la Casa Blanca y que todavía impide el regreso de Aristide.
Uno podría sumar a la lista el Plan Colombia (también ideado en Washington) que ha convertido a ese país en uno de los cinco principales receptores de ayuda monetaria de la primera potencia mundial; o la preocupación norteamericana por las inversiones chinas en Panamá, un sitio estratégico durante todo el siglo XX para Estados Unidos, que tampoco abandonó la idea de construir otro canal interoceánico en Nicaragua. O la llamada “Triple Frontera” y las presiones a Brasil, Paraguay y Argentina por militarizar la zona conocida también por sus reservorios de agua del Acuífero Guaraní. Tampoco hay que menoscabar el impacto que produce el informe anual del Departamento de Estado que identifica a los países productores de droga y se usa políticamente, o las presiones por evitar el desarrollo de medicamentos genéricos porque afecta a las grandes multinacionales de la industria farmacéutica. O las trabas impuestas a diversos productos (como el camarón panameño o el atún mexicano) que intentan acceder el mercado estadounidense porque en su caza “depredan el medio ambiente”, ni la batalla en Naciones Unidas para evitar el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad o las trece bases militares en la región. Estos, y otros temas que se podrían mencionar, demuestran cabalmente que a Estados Unidos sí le importa América Latina, y que la región no ocupa un lugar marginal en su política exterior.

6) ARGENTINA Y ESTADOS UNIDOS

Por la relación histórica de Estados Unidos con América Latina desde la doctrina Monroe hasta nuestros días no se puede dejar de destacar de qué manera la toma de posiciones sobre casi cualquier tema político y económico influye en la relación que se establece entre cada país (en este caso la Argentina) y la primera potencia mundial. Desde un viaje presidencial a Cuba hasta la negociación con los organismos financieros internacionales, pasando por la intención de producir medicamentos genéricos o la lucha contra el tráfico de drogas, siempre se está pendiente de lo que dirá la Casa Blanca. Claro que hay una diferencia sustancial entre la política de “relaciones carnales” durante el menemismo y las duras declaraciones del canciller Rafael Bielsa cuando dijera “estamos hartos de (Roger) Noriega y sus intromisiones en la política argentina como si fuéramos el patio trasero”, después de que éste opinara sobre un hecho político menor.
La relación con Cuba es un ejemplo de esto. Para la asunción de Néstor Kirchner estuvo Fidel Castro y fue invitado a disertar en un auditorio de la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Por falta de espacio terminó siendo un acto político frente a la Universidad con discursos del mismo Fidel Castro y Hugo Chávez, siendo ellos los únicos presidentes que se dirigieron a los argentinos. Y cuando el canciller Bielsa viajó a La Habana para acompañar al nuevo embajador después de que la embajada estuviera vacante por largo tiempo Noriega criticó públicamente la decisión del canciller de no mantener reuniones con miembros de la oposición y se manifestó “desilusionado”.
La relación del gobierno de Néstor Kirchner con Estados Unidos estuvo marcada desde un comienzo por la tensión existente en el rubro económico, la salida de la convertibilidad peso-dólar y la crisis económica de 2001 como condicionante de la relación con los organismos financieros internacionales en los cuales Estados Unidos tiene una posición determinante. De hecho, la decisión de pagarle anticipadamente 9.500 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional para dejar de estar tutelado por el organismo fue polémico y tuvo múltiples interpretaciones porque el histórico endeudamiento condiciona la política económica del país. La gran pregunta es determinar cuánta autonomía ganó el gobierno con la decisión en su relación con el FMI y los organismos internacionales siendo que muchos economistas –como Eduardo Curia- afirman que “la estrategia de crecimiento de la Argentina contrasta con la del Fondo”. Pero la estrategia económica tuvo también elementos políticos de marcar independencia, no sólo respecto de los organismos internacionales sino también de Estados Unidos que siempre ha utilizado estos organismos como medio de presión política.
Esto quiere decir que existe un discurso cambiante y contradictorio hacia Estados Unidos, con gestos y declaraciones que pueden ser interpretados como de subordinación a la primera potencia mundial (tema terrorismo) y otros de abierta confrontación (votaciones sobre Cuba).

7) LA CUMBRE DE LAS AMERICAS 2005

La política del gobierno de Kirchner no tuvo características de confrontación directa hasta la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en noviembre de 2005, una cumbre estratégica para Estados Unidos. Varios funcionarios de primera línea del Departamento de Estado salieron de gira y publicaron artículos explicando la importancia de la cumbre de Mar del Plata que debía ratificar la alianza con Estados Unidos y rubricar el ALCA, no solamente por su aspecto económico sino también para evitar cambios políticos en el continente. Eran conscientes de que la oposición al ALCA crecía, el MERCOSUR se reforzaba y que Hugo Chávez asumía un rol de liderazgo impensado unos años atrás. A pesar de las recomendaciones del Wall Street Journal de que Bush debía recostarse en sus principales aliados (Colombia y México) ambos países pasaron casi inadvertidos en la Cumbre y sus presidentes (Álvaro Uribe y Vicente Fox) fueron incapaces de ofrecer un discurso alternativo. En esa época el presidente George Bush parecía buscar denodadamente algún presidente latinoamericano dispuesto a contrarrestar la influencia de Chávez en un continente cada vez más gobernado por presidentes que tomaban distancia de Washington y que –aún sin identificarse con la propuesta de “socialismo del siglo XXI” de Chávez- estrechaban sus vínculos con Caracas.
La Casa Blanca tenía que cambiar la estrategia: dividir -¿y porque no?- quebrar el MERCOSUR. Pocos días antes de comenzada la gira de Bush, y cuando circulaban con fuerza los rumores sobre un posible abandono uruguayo del MERCOSUR, Lula decidió visitar a Tabaré Vázquez en un claro gesto hacia el bloque y hacia Washington. En un intento por no quedar al margen, el embajador de la Casa Blanca en Brasil, Clifford Sobel, “contribuyó” al debate. En una entrevista publicada por la influyente revista económica Exame dijo: “el MERCOSUR fue importante para Brasil y tiene oportunidad de hacer mucho más, incluyendo una profundización de los vínculos comerciales con Estados Unidos. No es una cuestión de ideología. Es cuestión de obtener resultados".
El gobierno de Néstor Kirchner fue clave para impedir la concreción del ALCA en la Cumbre de Mar del Plata. En una jugada osada como país organizador, y de manera extraoficial, a través de movimientos sociales aliados, alentó que se desarrollaran manifestaciones callejeras contra el ALCA y fue fundamental para la organización de un acto público en un estadio con miles de personas que llegaron desde distintos puntos del país para repudiar la presencia del presidente de los Estados Unidos. El presidente Kirchner no participó de la paralela Cumbre de los Pueblos, no caminó en las calles junto a los movimientos sociales y tampoco se hizo presente en el gran acto donde el principal orador fue el presidente de Venezuela Hugo Chávez, secundado por Evo Morales en su condición de líder cocalero. Allí Chávez afirmó que en Mar del Plata estaban enterrando al ALCA. Formalmente el gobierno no tenía ninguna participación en las movilizaciones contra el ALCA. Sin embargo, era vox populi que detrás de ellas estaba la aprobación de Néstor Kirchner. Cuesta encontrar antecedentes de un gobierno que le ceda una tribuna pública al presidente de otro país para que éste lleve adelante un discurso contra un tercer país, en este caso, Estados Unidos. Salvando todas las distancias uno podría remontarse a la visita del presidente John F. Kennedy a Berlín occidental donde, desde una tarima cerca del muro que dividía la ciudad- pronunció su famosa frase “yo soy berlinés” frente a miles de personas que lo vitoreaban. En Mar del Plata Chávez dejó para la historia la frase “ALCA, al carajo” y “los pueblos de América enterramos al ALCA”. En la Cumbre los cuatro países del MERCOSUR, junto a Venezuela, impidieron que se implementara el ALCA que –desde ese momento- fue languideciendo.
Después de la Cumbre en la influyente revista Foreign Affairs se preguntaron si Washington estaba perdiendo a América Latina. Al poco tiempo el MERCOSUR incorporó a Venezuela y después le abrió las puertas a Evo Morales ya como presidente en Bolivia, e invitó –ni más ni menos- a Fidel Castro a su reunión de Córdoba en julio 2006.

8) LA TRIPLE FRONTERA

Desde la aparición de Al Qaeda, y muy especialmente después del 11 de septiembre, el gobierno de George Bush utilizó la amenaza -real o imaginaria- de la presencia de Al Qaeda en América Latina para sumar a los gobiernos latinoamericanos a su lucha contra lo que denominó “el terrorismo global”. El Departamento de Estado centró su atención en la frontera común de Paraguay, Brasil y Argentina, más conocida como “la Triple Frontera”. Después de los atentados terroristas contra la Embajada de Israel en Argentina en 1992 y el edificio central de la comunidad judía (AMIA) en 1994, desde la Casa Blanca se sostiene que es el centro del extremismo islámico en América Latina.
En julio de 2005 en el diario El País de Colombia se aseguraba que es el lugar “que despierta las mayores preocupaciones para los estrategas norteamericanos y los gobiernos de la región, especialmente a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001.” En el artículo también se señalaba un elemento importante para comprender el interés de la Casa Blanca en la zona: “allí se encuentran las famosas cataratas del Iguazú en medio de una fabulosa vegetación, con una de las reservas acuíferas más importantes del planeta”. Es importante remarcar que los gobiernos de los tres países que comparten la “Triple Frontera” siempre han negado la presencia de grupos terroristas. El ministro de Defensa de Brasil en 2004, José Viegas Filho, afirmó de manera contundente que “no hubo, no ha habido ni hay indicios de actividad terrorista” en la región. Mientras fue canciller Rafael Bielsa siempre lo negó; y la canciller paraguaya, Leila Rachid, dijo en marzo de 2004 que no se podía satanizar la zona y pensar que desde allí se exporta el terrorismo a todo el mundo.
Ningún organismo internacional, ningún medio de comunicación, y ni siquiera alguna dependencia del gobierno de Estados Unidos, ha encontrado una sola prueba de la presencia de grupos islámicos vinculados a algún acto terrorista. A pesar de conocer estos datos después del atentado del 11 de septiembre Estados Unidos evaluó bombardear la Triple Frontera de manera unilateral y sin buscar la aprobación de Naciones Unidas para tal efecto. La comisión nacional sobre los ataques terroristas creada por el Congreso, y con la firma del presidente George Bush, preparó en 2002 un extenso informe respecto de las circunstancias que provocaron los ataques del martes 11 incluyendo la posibilidad de una pronta respuesta. Al final del documento, perdido entre las notas a pie de página, se cita un memorando secreto redactado por el subsecretario de Defensa, Douglas Feith, dirigido al secretario de Defensa Donald Rumsfeld, con fecha del 20 de septiembre. Allí se sugiere “golpear a los terroristas primero fuera del Medio Oriente, tal vez seleccionando de manera deliberada un objetivo que no estuviera ligado a Al Qaeda, como lo era Irak. Dado que los ataques de Estados Unidos se esperarían en Afganistán, un ataque en Sud América o el sudeste asiático sería una sorpresa para los terroristas” .
A pesar de que los gobiernos del MERCOSUR han negado la presencia de terroristas, en diciembre de 2003 por iniciativa de Washington se encontraron en Asunción delegaciones oficiales de los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Estados Unidos, en el marco del llamado Grupo de 3 + 1 sobre la seguridad en el área de la Triple Frontera impuesto por la Casa Blanca, y analizaron acciones preventivas contra el terrorismo. Allí, Leila Rachid expuso que “la lucha contra el terrorismo es el primer gran test que impone el siglo XXI”.
A comienzos de 2004, J. Cofer Black, el oficial más importante de contra-terrorismo del Departamento de Estado habló en el Comité Interamericano contra el Terrorismo de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre las posibles amenazas en la región y afirmó que grupos como HAMAS y el Hezbolá habían llegado a la Triple Frontera para recaudar fondos y distribuir propaganda. Aunque él no pudo confirmar la presencia de Al Qaeda en América Latina dijo que siempre estaba “buscando extender sus tentáculos”.
Existe una llamativa contradicción entre la insistencia de los Estados Unidos en que la Triple Frontera es un lugar desde el cual se fomentaría el terrorismo y la postura de la cancillería argentina (y de Paraguay y Brasil) aunque esto no ha provocado ningún conflicto entre ambos países.

9) ARGENTINA Y AMERICA LATINA

Como ya hemos señalado el cambiante contexto regional fue fundamental para ir moldeando la política exterior de Néstor Kirchner que había expresado en su primer discurso que “el MERCOSUR y la integración latinoamericana, deben ser parte de un verdadero proyecto político regional y nuestra alianza estratégica con el MERCOSUR, que debe profundizase hacia otros aspectos institucionales que deben acompañar la integración económica, y ampliarse abarcando a nuevos miembros latinoamericano, se ubicará entre los primeros puntos de nuestra agenda regional”.
Cuando Kirchner asumió la presidencia en América Latina encontró un panorama regional en franca mutación. Hugo Chávez era el único presidente de esta amplia corriente “progresista” -que ya llevaba unos años en el poder y había convivido con Carlos Menem y Alberto Fujimori, dos de los principales impulsores de las políticas neoliberales en la región en un contexto ampliamente desfavorable para desarrollar políticas progresistas a nivel continental. Ricardo Lagos había asumido en marzo de 2000 y Lula en enero 2003. En ese tiempo el gobierno de Kirchner fue tratando de ubicarse tejiendo relaciones diplomáticas con presidentes de diferentes extracciones políticas. Sin embargo hubo una clara apuesta por un recambio progresista en la región. Varios dirigentes de diversos movimientos sociales que se sumaron al gobierno aportaron sus relaciones y tradición de participación en encuentros como el Foro Social Mundial para reforzar los vínculos con dirigentes sociales de otros países. Cuando el gobierno argentino intervino en octubre 2003 junto a Brasil en la crisis del gobierno de Bolivia encabezado por Gonzalo Sánchez de Losada para encontrar una salida institucional, el presidente Kirchner ya estaba tejiendo lazos directos con Evo Morales, todavía un lejano aspirante a la presidencia; y lo mismo sucedió con Rafael Correa antes de que asumiera en enero de 2007. Y fue también el gobierno de Néstor Kirchner el que le dio un lugar a Fidel Castro y a Evo Morales (ya presidente) en la reunión del MERCOSUR en la ciudad de Córdoba en 2006 después de la ya mencionada Cumbre de las Américas de 2005. Hay un elemento central que obligó al gobierno de Néstor Kirchner a definirse: Hugo Chávez. El acceso al poder de varios presidentes progresistas fue realimentando dialécticamente la intervención política de Hugo Chávez, contenido mientras estaba aislado, y antes de que el golpe de Estado de 2002 le brindara mayor legitimidad política. A medida que fueron asumiendo más presidentes progresistas Chávez fue generando un mayor número de propuestas políticas y económicas. Es así que fue impulsando iniciativas y proyectos que buscaban involucrar a otros países, como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) que nació sólo con Cuba y ya está conformada por nueve países. También estimuló el nacimiento de Petrocaribe, Petrosur, Telesur, el Banco del Sur y el Sucre como moneda común. Más allá de las fuertes presiones de los medios de comunicación opositores la Argentina de Néstor Kirchner aumentó considerablemente su relación política y comercial con Venezuela. Sin embargo, no adoptó todos sus proyectos, sumándose sólo a algunos, como Telesur y el Banco del Sur, y en ambos sin una gran participación activa, lo que resalta la ausencia de definiciones ideológicas al momento de tomar decisiones en muchos temas o una reacción pragmática coyuntural. Esto se puede ver también en la relación con Brasil, que arrastra una historia de competencia e hipótesis de conflicto. A pesar de la desconfianza argentina hacia el gigante regional que se industrializó y se convirtió en una potencia mundial, y de los numerosos choques en temas comerciales la relación se fue afianzando. La Argentina incluso adoptó como propio el proyecto de Comunidad Sudamericana de Naciones que algunos diplomáticos argentinos aseguran nació como un proyecto brasileño para poder liderar un bloque regional que le permita acceder al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Nacida en 2004 en oposición al ALCA –como sostiene el ex presidente Eduardo Duhalde en su libro Comunidad Sudamericana - estuvo relegada casi cuatro años hasta que renació en mayo 2008 como Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). En septiembre de 2008 la presidenta Cristina Fernández, junto a Michele Bachelet le dieron un rol protagónico al convocar a una cumbre de emergencia en Santiago de Chile luego de una matanza de campesinos en Bolivia para sostener al gobierno de Evo Morales que acusaba a la oposición de estar preparando un golpe para derrocarlo. A pesar de algunos recelos sobre el proyecto original de Brasil respecto de UNASUR, no es menos cierto que la Argentina se ha involucrado plenamente en este organismo, también como medio para reforzar instituciones de América Latina sin la participación de Estados Unidos. La presidente Cristina Fernández tuvo un rol destacado en la Cumbre del Grupo Rio que trató la intervención militar de Colombia en territorio ecuatoriano en marzo de 2008 así como en la convocatoria a la cumbre de presidentes de UNASUR en Bariloche en agosto 2008 para analizar la situación de las bases militares en Colombia. Esto quiere decir que las diferencias entre Argentina y Brasil permiten sostener la pregunta si ambos países constituyen “una alianza, una sociedad o una asociación estratégica”. O, tal vez reformulando la pregunta, habría que pensar si puede existir un proyecto común por fuera de la afinidad ideológica –en el amplio sentido del término- de pertenecer a esta corriente de gobiernos progresistas. Por eso, también, la iniciativa de desarrollar el comercio bilateral sin el dólar es mucho más que una iniciativa económica dentro del MERCOSUR.
Aún con diferencias, Brasil y la Argentina se manifestaron contra la ampliación de las bases militares en Colombia, contra el bloqueo a Cuba y por su reincorporación a la Organización de Estados Americanos (OEA), contra la reactivación de la Cuarta Flota y contra el golpe de Estado en Honduras. Si bien Brasil es la principal fuerza regional, la presidenta Cristina Fernández se destacó por sobre el presidente Lula al participar junto a Rafael Correa y Fernando Lugo del primer intento de regreso de Manuel Zelaya a su país en julio, eclipsado más tarde por la intervención de Brasil en su regreso clandestino del 22 de septiembre. Pero si de golpes se trata, paradójicamente ambos países coincidieron en el envío de tropas a Haití en la misión comandada por Estados Unidos que convalidó el golpe de Estado contra el presidente Jean Bertrand Aristide y que fue presentado –en el caso argentino- también como parte de la inserción en el mundo.
Si bien la relación con Brasil es fundamental no lo es menos la relación con los otros vecinos y socios “menores” del MERCOSUR, Paraguay y Uruguay. Con este último país el conflicto por la instalación de la pastera Botnia, que ha llegado hasta la Corte de La Haya no ha hecho más que enturbiar la relación con el gobierno progresista del Frente Amplio. Este
-de manera reactiva- no ha dejado de amenazar al MERCOSUR en su conjunto con abandonar el tratado y firmar otro de libre comercio con Estados Unidos, en franca contradicción con el proyecto político-económico del MERCOSUR, e impidió que Néstor Kirchner fuera electo al frente de UNASUR como propuso Rafael Correa.

10) ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

La política exterior de Cristina Fernández ha mostrado una continuidad con la gestión de Néstor Kirchner, incluso manteniendo a la base del mismo equipo de la Cancillería, y con la “ventaja” de acceder al poder en un marco regional de cuestionamiento a las políticas neoliberales. De hecho, a poco más de un año de gestión también se sumó El Salvador al conjunto de países progresistas al elegir a Mauricio Funes como presidente. América Latina es hoy la única región del planeta donde existe una oposición creciente a los proyectos políticos y económicos de la Casa Blanca como quedó demostrado en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago y la posterior reunión de la OEA
La V Cumbre de Trinidad y Tobago tuvo dos ejes que la monopolizaron. Por un lado, el pedido casi unánime de levantar el bloqueo a Cuba y su reincorporación a todos los ámbitos continentales. Por el otro, un cuestionamiento a la política imperial de Estados Unidos. No es un secreto que muchos gobiernos de la región tienen una mirada crítica sobre el presente de la revolución cubana, y consideran que en la isla se deben realizar cambios. Pero hay coincidencias en que primero Washington debe levantar el bloqueo. El 4 de junio de 2009 la misma OEA aprobó por consenso dejar sin efecto aquella resolución de 1962 por la cuál se excluyó a Cuba de la OEA abriendo las puertas para su reincorporación. Estados Unidos no quería que el tema Cuba fuera un eje central de la Asamblea anual de la OEA realizada en Honduras y José Miguel Insulza, su secretario general, pidió “no cubanizar” la reunión. Lo mismo habían dicho respecto de la Cumbre de la Américas en Trinidad y Tobago. En ninguna de las dos reuniones Cuba figuraba en la agenda. Sin embargo, en ambas se convirtió en el tema central. América Latina se está animando a desafiar a los Estados Unidos. No es mera retórica antiimperialista infantil, ni resabios de ideologías en desuso. Se trata de un cuestionamiento político muy concreto. La elección en estos últimos años de una serie de gobiernos que están tratando de desandar las políticas neoliberales es significativa y los proyectos comunes que se construyen les ha dado una inusual fuerza. Son gobiernos que difieren mucho entre sí, pero saben que se necesitan, y se apoyan. El fracaso del gran proyecto regional de Washington –el ALCA- por la abierta oposición del MERCOSUR en la Cumbre de Mar del Plata fue el puntapié inicial para animarse y cuestionar a la primera potencia mundial. Luego vino la reunión del Grupo de Río –un organismo latinoamericano y del Caribe sin presencia de Estados Unidos- en marzo de 2008 donde se discutió la crisis entre Colombia y Ecuador sin representantes de la Casa Blanca. Meses después Cuba se incorporó al Grupo de Río. En septiembre de 2008, para debatir la crisis en Bolivia sin presencia norteamericana se reflotó UNASUR y todos los países le brindaron un fuerte respaldo a Evo Morales.
La politóloga Anabella Busso en un extenso estudio sobre la política exterior de Néstor Kirchner sostiene que ésta estuvo marcada por “más ajustes que rupturas”. Es posible si se piensa que el estilo de Néstor Kirchner (también de Cristina Fernández) lejos estuvo de tener un tono confrontativo en política exterior similar al de Hugo Chávez o Evo Morales. Esto no quita que la consolidación de los gobiernos progresistas haya sido una parte fundamental de su agenda y en este sentido hay más rupturas que ajustes.